domingo, 15 de abril de 2012

El pendón de Castilla: ¿morado o carmesí?

Pendones morados manifestación
Pendones morados en la manifestación
 contra el almacén nuclear
de Villar de Cañas.
L
a pregunta que da título a la entrada del blog hace tiempo que está respondida, pues es comúnmente aceptado en la actualidad que el color genuino del pendón de Castilla es el rojo carmesí. Aun así hay ciertos sectores del castellanismo actual que siguen reivindicando el pendón morado como el color genuino de Castilla. No quiero decir con esto que el pendón morado deba dejar de utilizarse, solo dar a conocer aún más si cabe el genuino color de Castilla, que es el rojo, ya sea en gules, o en carmesí para los pendones.

Aún así como he dicho más arriba cada cual es libre de utilizar el pendón que más le guste, pero siempre sabiendo cual es el original e histórico. Dicho esto, comprendo que hasta cierto punto la gente saque el pendón morado en las manifestaciones, ya que aunque originado por una confusión, el morado lleva erróneamente identificándose con Castilla desde el siglo XIX. En la entrada: En defensa de la castellanidad de Palencia, se puede comprobar como en el año 1919 un fiero defensor de la castellanidad de Palencia, identifica el morado como el color de Castilla escribiendo: "si Palencia no es Castilla, ¿por qué ostenta el honroso pendón morado?", un claro síntoma de que a principios del siglo XX se asociaba el morado con Castilla.

El origen de la confusión con el morado puede estar en la creación de un Tercio por Felipe II en el año 1634, el: "Tercio de los morados de Castilla". Llamados así por el predominio del color morado en sus uniformes, si bien curiosamente su pendón era de color damasco carmesí. Otro posible origen de la confusión puede estar en la sociedad masónica llamada: "Caballeros Comuneros" también llamados "Hijos de Padilla", creada en 1821 (coincidiendo con el centenario de la batalla de Villalar) y que adopto como color propio el morado, pudiendo así ser confundidos con los comuneros históricos del siglo XVI, que dicho sea de paso no utilizaron el morado.

Bandera de la Segunda República
Esta asociación del morado con Castilla llegó a tal punto que la Segunda República Española utilizo el morado en la franja inferior de la bandera española, ya que se afirmaba que la rojigualda representaba solo a los colores de la Corona de Aragón y se establecía la inclusión de Castilla a través de la nueva franja morada: "Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad."

En la presente entrada voy a exponer una galería fotográfica con representaciones heráldicas del siglo XIII al XVI, donde se puede comprobar que el color que representaba a Castilla no era morado, y tres artículos de; Amando Represa, Manuel González Herrero y Agustín Gómez Iglesias, con datos bastante clarificadores sobre la cuestión.

Galería de imágenes


El pendón de Castilla
Serafín María de Soto en sus Memorias para la historia de las tropas de la Casa Real de España (Madrid, 1824) es quien nos da la primera referencia escrita del llamado "pendón morado de Castilla". Dice que al regimiento de guardias españolas, el más calificado de los cuerpos de infantería, "se le dio por su primera bandera el pendón morado de Castilla, que debía residir en la compañía coronela".

Pero este "pendón morado de Castilla", tan traído y llevado después, en realidad no ha existido nunca. Esa frase es, sencillamente, un tópico, uno de tantos errores consagrados como circulan en el marco de la confusión desnaturalizadora de Castilla. Confusión -ésta es la palabra- que ha falseado tantos elementos de la realidad histórica y popular, de la cultura y de la tradición genuina del pueblo castellano.

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Sabido es que Castilla ha sido hecha -es decir, deshecha- por la literatura. Se entiende por las letras de la cultura centralista establecida en Madrid, que la ha reducido a una falsa mitología. Deber y necesidad de los castellanos es recuperar la autenticidad de todos los componentes de nuestra sustancia colectiva, asumir toda la tradición válida, tal y como fue hechura real de nuestros mayores, y desde estas coordenadas, proyectar e impulsar una nueva y fecunda vida del pueblo. En una palabra, frente a la mitología extraña, la afirmación de nuestra realidad.

Es un hecho, una evidencia histórica que racionalmente no se puede negar, que el color emblemático de Castilla y del estado castellano fue siempre el rojo carmesí. Su escudo, un castillo de oro de tres torres sobre campo de gules. Desde el siglo XII esta heráldica castellana -fondo rojo tras el castillo gualdo- aparece constantemente en los sellos rodados de toda clase de documentos y diplomas y en cualquier otra representación o simbolismo de Castilla.

Así, por ejemplo, en los escudos policromados que se conservan en la casa que fue palacio real de Enrique IV, en la plaza de la Reina Doña Juana, en Segovia; en la heráldica que exorna el baldaquino sobre el sepulcro de los mártires, en San Vicente de Avila; en los sellos de Alfonso X y Enrique IV; en la reja del presbiterio de la iglesia de Nuestra Señora de la Soterraña, de Santa María de Nieva, como en el retablo principal de la capilla del Hospital de la Magdalena, de Cuéllar; en los escudos de armas de los Reyes Católicos o en las miniaturas de los códices alfonsíes, Castigas, Libro de la Coronación y Libro del Ajedrez, siglo XIII, de El Escorial.

El auténtico pendón de Castilla es rojo carmesí.

Aquel Fernando venturoso espera
que corone el alcázar de Sevilla
de los rojas banderas de Castilla.


Canta Lope de Vega en el libro XV, 22-24, de La Jerusalén conquistada.

Ahí está el pendón, en campo de seda carmesí, que se conserva en la iglesia de San Martín, capilla de Nuestra Señora del Racimo o de los Arias Dávila, nave del Evangelio, de la ciudad de Segovia; el de la villa de Sepúlveda, en el salón de Sesiones del Ayuntamiento, a la derecha del estrado presidencial, rodeado de pergaminos medievales con el sello encarnado, el guión enarbolado por Isabel I de Castilla en la toma de Granada y que se custodia en la Real Capilla de la catedral granadina, como el pendón que todos los años, el 2 de Enero, encabeza la procesión cívica conmemorativa del acontecimiento histórico; el pendón depositado hoy en la Sala del Solio del Alcázar de Segovia y que representó a esta ciudad en los siglos pasados; las enseñas de Carlos I, en seda carmesí; otra de Don Juan de Austria, de su última campaña, en damasco del mismo color, y otras dos del propio personaje en tafetán igualmente carmesí, que se conservan en la Armería del Palacio Real de Madrid, o los dos viejos pendones de Castilla que, en julio de 1977, han sido bajados de la parte alta de la iglesia colegiata de Medina del Campo, donde aparecían colgados desde hacía varios siglos. Fueron bajados para su estudio por la comisión investigadora designada por el Ayuntamiento de Valladolid, y que para esa concreta diligencia estuvo integrada por Don Amando Represa, director del Archivo Histórico Nacional de Simancas y Don Juan José Martín González, catedrático de Historia del Arte. Después de su examen, el, doctor Represa hizo constar textualmente que "es indiscutible que la bandera de Castilla es de color rojo carmesí".

Citaremos asimismo por último y de modo particular el pendón, rojo naturalmente, de las Navas de Tolosa, que se guarda en el Monasterio de las Huelgas, de Burgos; y bajo el que lucharon las milicias concejales de Avila y Segovia en el ala derecha de la vanguardia de vizcaínos, alaveses y guipuzcoanos, en uno de los hechos más decisivos -contestación a la avalancha almohade- de la historia de España y aun de Europa.

Es el color de los grandes y poderosos pendones de las iglesias, ermitas, cofradías y gremios de Castilla, que desde tiempo inmemorial los pueblos castellanos enarbolan para encabezar sus viejas y entrañadas procesiones. Como encarnada es la enseña y el escudo de Burgos, y los de Soria y Avila. Y como eran rojas las cruces que campeaban como distintivo de la rebelión en el pecho de los comuneros. Que, por supuesto, no alzaban ningún pendón morado.

Por lo que respecta concretamente a la ciudad de Segovia y a su Ayuntamiento, la tradición del pendón rojo carmesí ha permanecido también viva incluso en el siglo XIX, a pesar de iniciarse en esta época la confusión del morado. En el Salón Blanco, o de más respeto, del concejo segoviano, cubre todo el techo una gran pintura al fresco que representa la conquista de Madrid por las milicias segovianas en el año 932, en tiempos de Ramiro II; es decir, una de las mayores hazañas militares del pueblo segoviano. La figura central de la composición es un adalid que porta un gran pendón rojo con el escudo de Segovia -acueducto de plata en campo azul celeste-, y son también rojos todos los demás pendones y gallardetes de la hueste. La firma dice: "Antonio García, premiado por S. M., natural de Segovia. Ft. Año de 1854". Contiguo a la puerta del salón aparece colgado un cuadro al óleo del mismo autor, con el propio tema exactamente que se desarrolla en el plafón.

En este sentido se han pronunciado, en libros, informes y escritos, historiadores y estudiosos de muy diversas procedencias ideológicas, como Luis Carretero Nieva, José María Codón, J. Manuel Parrilla, Anselmo Carretero Jiménez, Ignacio Sanz Martín, Eloy Alonso, Esteban Calle Iturriño, Gonzalo Martínez Díez, el ya mencionado director del Archivo de Simancas, Amando Represa, el archivero de la municipalidad de Salamanca, Salvador Llopis Llopis, y el del ayuntamiento de Valladolid, Fernando Pino Rebolledo, que ha encontrado en los Libros de Actas reiterados testimonios de las características del pendón, que "era grande y largo, de damasco carmesí, con las armas de Castilla por ambas partes pintadas en el dicho pendón". En los propios términos la Academia de Historia y Arte de San Quirce, de Segovia, a instancias de la Diputación Provincial segoviana, ha emitido su dictamen oficial, con fecha 20 de septiembre de 1977.

Ante esta evidencia histórica cabe preguntarse el por qué de la confusión del color morado.

El camino seguido por esa errónea creencia es algo complicado. Se inicia en Felipe IV, que por un decreto de 10 de septiembre de 1634 creó una guardia real o tercio-coronelía en cuyo uniforme destacaba el color morado, y al que se le dio una bandera que ostentaba los atributos heráldicos del conde-duque de Olivares. A esta guardia escogida se la llamó en el siglo XVII, por esa razón, "tercio de los Morados" o "provincial de los Morados". Después, en el XVIII, se le denominó regimiento de Castilla y, últimamente, regimiento del Rey, con la calificación de Inmemorial, considerado como la primera y más distinguida de las unidades de infantería. En 1824, al restablecerse el régimen absolutista, fue disuelto como las demás tropas constitucionales por la represión de Fernando VII y su bandera, depositada en la iglesia mayor de Reus, donde a la sazón se encontraba su plana mayor. De allí pasó en el mismo año a la basílica de Atocha y en 1849 a la Real Armería.

Lo más curioso del caso es que el color de esa bandera -el pendón de los Morados- nada tenía que ver con Castilla sino que era, simplemente, el de la enseña personal del conde-duque de Olivares, fundador del tercio de los Morados. En realidad el color no era tampoco morado en el sentido actual de violeta oscuro, próximo al azul, sino rojo-grana como el zumo de la mora (de donde morado). Así resulta de los inventarios antiguos de la iglesia de Atocha en los que el pendón de los Morados se cataloga como "estandarte de damasco encarnado con fleco de seda en toda su circunferencia".

El tránsito al morado oscuro -es decir a este color penitencial que la Iglesia usa para cubrir los altares en la Semana Santa- y a la errónea idea del "pendón morado de Castilla" y de la consideración de este color como símbolo y expresión de la democracia castellana, se opera por la conjunción de dos factores.

De una parte, los Borbones españoles consagraron con valor oficial para la Casa real el color morado en lugar del púrpura, que antes había sido el privativo de la realeza. Carlos Broschi Farinelli, citado por Llopis, al describir en 1758 la falúa real, capitana de la flotilla que para recreo de Fernando VI se estableció en Aranjuez, dice: "Cuando se embarcan Sus Majestades, además de la bandera que lleva la popa se arbola en el palo mayor el estandarte de las armas reales, que es de color morado." El artículo 15 de la Instrucción sobre insignias, banderas, honores y saludos, aprobada por real decreto el 13 de marzo de 1867, determina que el estandarte real sea una bandera cuadrada de color morado oscuro. Alfonso XII y Alfonso XIII usaron siempre este guión real morado, que se izaba en los edificios y buques en que se encontraba el rey.

De otra parte, y creemos que decisivamente, la confusión que viene a concretar la sociedad secreta de "los Comuneros". En 1821 se forma esta pintoresca secta desgajada de la masonería de España. Se llaman "caballeros de Padilla", editan un periódico que titulan "El Eco de Padilla", usan en sus ritos caballerescos escudos de hojalata y se organizan en torres, castillos, fortalezas y casas fuertes. Cesáreo Fernández Duro, en sus Disquisiciones Náuticas (1877-81), refiere que en sus estatutos prescribieron que el estandarte de la sociedad -que llamaban estandarte de Padilla, y al que Galdós califica de "harapo"- sería el morado con un castillo blanco en el centro y por distintivo individual una banda morada. Pérez Galdós, en los "Episodios Nacionales" -El Grande Oriente-, les juzga duramente y ridiculiza las actitudes, prácticas y ceremonias de la secta. "Yo y todos los verdaderos patriotas hemos dado de lado a la masonería para fundar la grande y altísima, por mil títulos eminente y siempre española, Sociedad de los Comuneros." "Nacieron del odio a los masones, como los hongos nacen del estiércol." "Más que militantes caballeros parecían rematados locos. Su color distintivo era el morado y todos ellos tenían una banda morada en el pecho."

Estos apócrifos "comuneros" del siglo XIX fueron después confundidos con los auténticos del XVI, y aquí puede estar el origen más inmediato y concreto de la invención literaria del pendón morado de Castilla, como pendón de la rebelión comunera y, por tanto, enseña castellana. Quizá por un recuerdo del "pendón de los Morados" y de su vinculación al regimiento de Castilla o del rey, o tal vez por simple coincidencia, como podían haber elegido otro color cualquiera, los "comuneros" de 1821 adoptaron el morado. Cánovas del Castillo, Fernández Duro y el Conde de las Navas sostienen ese falso origen. Vicente de la Fuente (1817-1888), que llegó a tratar personalmente a un miembro de aquella secta, en su Historia de las sociedades secretas "califica de patraña y falsedad lo del pendón morado de Castilla y dice que los mismo que se les antojó a los liberales utilizar el color verde, a los comuneros se les ocurrió el morado" (citado por Fernández Duro y Llopis). Apreciación con la que parece coincidir Galdós: "Su color distintivo era el morado, así como los masones adoptaron el verde."

En 1931, a la proclamación de la segunda República española, el morado pasa a formar parte de la enseña tricolor, precisamente por la preocupación de integrar también en el símbolo nacional, junto con los de Aragón y Cataluña, el supuesto color de Castilla.

La realidad histórica ya hemos dicho que es otra. El color morado se introduce, erróneamente, por la falsa identificación de Castilla con el Estado español -bandera del regimiento de Castilla y regimiento del Rey-, y por la conexión de Castilla.comuneros, grata a los liberales del pasado siglo, que naturalmente ignoraban que la enseña comunera no era morada sino roja.

Se trata, una vez más, del desconocimiento y desvirtuación de Castilla. Carretero Nieva, en Las nacionalidades españolas -libro publicado en Méjico en 1952 y dedicado "a la memoria de mi hijo Ricardo Carretero y Jiménez, ingeniero industrial segoviano, muerto en la defensa de Madrid el 12 de abril de 1937"- lo ha precisado así. "Incluso en detalles pequeños y anecdóticos se observa el embrollo alrededor de Castilla. Por ejemplo, es frecuente oir hablar de su pendón morado. Este color nunca lo fue de Castilla, que tuvo por suyo el rojo, conservado como tal en Burgos, su antigua cabeza. El color morado parece que se le dio Felipe IV a una guardia real que se creó en su reinado (tercio de los morados). Lo adoptó, pues, pasados siglos de que Castilla dejara de existir como Estado independiente, la Casa real española. El escudo de Castilla es un castillo de oro sobre gules. Por un capricho de la Historia el color de Castilla es el rojo, y por tan poderosa razón, el morado tiene un origen real."

Es verdad que se puede inventar una bandera, y que si el pueblo la asume, queda perfectamente legitimada. También es cierto, que, en este caso concreto del símbolo de la personalidad colectiva del pueblo castellano, no parece necesaria esa invención.

Según la tradición histórica el genuino pendón de Castilla es el rojo carmesí. Esa tradición no contiene, en este concreto tema, ningún aspecto negativo o inválido por el que mereciera ser desechada. Por el contrario, la insignia morada no solamente es ajena al pasado de nuestro pueblo y a su vivencia colectiva sino que responde a un condicionamiento esencialmente anticastellano: la concepción castellana de España, la confusión de Castilla con el Estado español.

Pienso que seguramente sería desacertado que los castellanos, a la hora de reconocernos y afirmarnos como una comunidad humana histórica y cultural, en el conjunto de los pueblos de España, alzáramos como nuestra enseña regional el estandarte de la realeza borbónica o, en definitiva, de aquel desaforado campeón del centralismo uniformador que se llamó don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares.
Manuel González Herrero (1978). Memorial de Castilla. págs 173-181

El supuesto "pendón morado" de Castilla
A más de un lector habrá chocado que para nada se ha aludido, hasta ahora, al mal llamado "pendón morado" de Castilla, y a su presunta utilización por los comuneros en los días de las Comunidades. Como éste pretende ser un estudio serio, dirigido a adultos, naturalmente no tenían cabida en él los cuentos y consejos propios de la infancia. Diremos, no obstante, algo al respecto.

Aparte de que el "púrpura" (en Heráldica no existe el morado) es color poco frecuente en la vexicología y armería española, los comuneros jamás combatieron bajo una enseña "única", sino bajo las banderas y pendones de las ciudades y jefes en que se encuadraban, conforme aun con un concepto muy medieval de los ejército o "fonsados". El único distintivo común de los mismos parece fue una cruz roja. El equívoco radica en haber atribuido a las Comunidades del XVI los distintivos de cierta Sociedad secreta surgida en el siglo XIX, apodada precisamente "los Comuneros", que adoptó como enseña "un estandarte morado con un castillo blanco en el centro", así como unas "bandas moradas" como distintivo individual.
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Otro posible origen del equívoco -y éste a su vez suscitado por tratadistas de historia militar, también del siglo XIX- radica en la creación de un Tercio, fundado por el rey Felipe IV en 1634 con el carácter de Guardia Real, en cuyo uniforme predominaba el color "morado", razón por la cual se le conoció vulgarmente, con el nombre de "Tercio de los morados de Castilla". Sucesor de este Tercio fue, hacia 1734, el "Regimiento de Castilla" -más tarde denominado "Regimiento del rey"-, cuyo coronel, en 1766, solicitó, entre otras cosas, el uso de una bandera "morada" que se le negó.

Total, que entre el "Tercio de los morados de Castilla", y el deseo de una bandera "morada" para el Regimiento sucesor de dicha unidad, se fue formando la creencia de que a tal Regimiento "se le dio, por su primera bandera, el Pendón morado de castilla". Sin embargo, este "estandarte de los morados" -depositado hoy en la Real Armería- se describe en sus Catálogos como un "estandarte de damasco carmesí", con una armería y blasones que nada tienen que ver con las armas reales de castillos y leones, sino con las enseñas personales del conde-duque de Olivares que este dio a dicha Unidad. Don Gaspar, por lo que se ve, no sólo era válido del rey, sino del Reino y el país, ejército incluido.

De todo este asunto lo que parece claro es que el "invento" del pendón morado se forjó en el siglo XIX, primero por los propios historiadores del ejército -que le dieron un cierto aire "técnico" al constarles que ya en el siglo XVIII había unidades militares (Artillería, ingenieros con banderas "moradas"-, pasando después a niveles más populares y políticos del Liberalismo naciente, los cuales a su vez lo retrotrajeron no al siglo XVII -como los militares- sino a la época de las Comunidades, al surgir el "boom" (¡perdón por el anglicismo!) de las mismas con motivo de los estudios e interpretaciones que sobre este hecho histórico se verán en otra parte de este libro.

Debe insistirse, una vez más, en que el símbolo era del rey -no del territorio- y que el color del paño, por lo que se habrá visto y leído, siempre se refiere al "rojo", "colorado", "encarnado" o "carmesí", y nunca al "morado". Por lo demás, toda discusión sobre el color nos parece enteramente baladí y, lo que es aún peor, triste, porque revela a qué grado de olvido sobre sus propias cosas se había llegado entre castellanos y leoneses -pueblo, ejército, políticos e intelectuales incluidos-, al no saber ya cuáles fueron sus auténticos símbolos y enseñas históricas.

Amando Represa Rodríguez (1983). El Pendón Real de Castilla. págs 36-41

Noticias conservadas sobre el color que usaba el Ayuntamiento de Madrid
1) La Villa, que era realenga, no usaba en sus ceremonias otro pendón que el de Castilla. En la ceremonia de alzamiento de pendones de Felipe III y que consta muy detallada en los libros de acuerdos (1598, septiembre y octubre) se dice claramente que el pendón era de color carmesí.

2) El Alférez Mayor, que llevaba el pendón en las ceremonias, iba vestido de color carmesí desde las plumas del sombrero hasta las calzas.

3) Asimismo y a través del tiempo la villa de Madrid, después de ser Corte, siguió usando el color carmesí como si fuese propio. El Ayuntamiento en las corridas de toros ponía un frontal carmesí en el balcón que le correspondía, hasta que Fernando VII pidió cuentas a la Villa por usar este color en su presencia, puesto que era el del pendón real. La Villa contesta que siempre se había hecho así, mas el Rey ordenó suprimir tal costumbre.
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4) Consta también documentalmente que los maceros del Ayuntamiento de Madrid usaban dalmáticas de color carmesí; y se conservan las cuentas de un sastre en que se detalla el damasco carmesí utilizado.

5) El pendón de Castilla era de damasco carmesí con las randas de oro; el asta de plata. Así se conservaba en la sala de juntas del Ayuntamiento.

Como el color carmesí es de un matiz de rojo que se aproxima al morado, se produjo la confusión entre estos dos colores. De este modo numerosas personas creen que el color del pendón es morado y así, durante el siglo XIX, los regimientos, que lo utilizaban como privilegio, tenían una bandera morada. Del mismo modo los fajines de los concejales del Ayuntamiento de Madrid (utilizados desde el último tercio del siglo XIX) son morados, porque representan el color de Castilla. Pero hasta el siglo XVIII las armas reales y las banderas de los tercios castellanos eran carmesíes.

Todavía hoy las bandas de los oficiales de los ejércitos, recuerdo del color de las banderas de los capitanes de los antiguos tercios, son de color carmesí precisamente y no rojas, ni tampoco moradas.

En resumen: El color que usó continuadamente y desde el siglo XVI el Ayuntamiento de Madrid es el color del pendón de Castilla con todas sus vicisitudes.
Agustín Gómez Iglesias (1958). Memorándum de noticias conservadas en el Archivo de Villa sobre el color que usaba el Ayuntamiento de Madrid.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo haber leído en algún sitio que la razón de la confusión se debe a que los pendones históricos que se conservaban estaban tan descoloridos que el rojo parecía morado. Parece una explicación bastante verosímil.

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